Comisario 2010

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©Sergi Margalef

 
FRANK KALERO

Frank Kalero recoge el testigo de Alejandro Castellote, comisario de GETXOPHOTO en sus tres primeras ediciones. Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) y Master en Fotografía Documental por el International Center of Photography (Nueva York). Fue residente en Fabrica de Benetton (Italia), ha sido fundador y director de la revista OjodePez (España) y se encargó de implantar la revista Vice Brasil desde Sao Paulo. Fue cofundador de la galeria de arte Invaliden1 y en el 2009 funda la revista de arte The world according to, ambas en Berlin. Actualmente se encuentra realizando una nueva revista de fotografía para todos los países del continente asiático llamada Punctum. Vive entre Berlín y Nueva Delhi.

 

ELOGIO DEL OCIO, por Frank Kalero

El ocio moderno apareció como una herramienta de los sistemas de producción. Su fin era garantizar que el trabajador se recuperase de su jornada laboral, para así regenerar la fuerza de trabajo. Lo que, además, aseguraba la devolución, al circuito económico, de la plusvalía generada por los mismos trabajadores. Actualmente, lo que nos preocupa no es el ocio per se, sino el hecho de no estar trabajando, lo que nos lleva a hacer una distinción entre tiempo libre y ocio. El ocio se desarrolla durante el tiempo libre. Pero se puede dar el caso en que el tiempo libre se use para hacer Nada, lo cual automáticamente convierte ese dolce far niente en ocio.

David Riesman, en The Lonely Crowd, adelanta que la era en la que el individuo se autorrealiza y se reafirma mediante su trabajo ha terminado. Ahora esta sublimación vendrá dada por el libre consumo, y por cómo este individuo invierta su tiempo libre. Así, el ocio ha pasado a formar parte de las necesidades del hombre, alterando las que ya tenía y creando nuevas, todas ellas condicionadas por variados tipos de estímulos y propaganda. Cómo invertimos nuestro tiempo libre es el símbolo más claro que tenemos para comunicar al prójimo quiénes somos, o creemos ser, en realidad.

La paradoja del ocio radica en que lo que para unos es diversión y autorrealización (cocinar, fornicar, conducir una moto o tocar un instrumento), para otros no es más que la ardua obligación de su jornada laboral. Lo que nos hace pensar que la mayoría de nosotros estamos en el lugar equivocado, haciendo lo que no deberíamos hacer. Para los menos afortunados, el trabajo se ha convertido en un medio de ganar dinero y el ocio, en una manera de gastarlo.

El tiempo libre ha ido en aumento, y sigue creciendo. Se reclama como derecho inalienable. Pero no es igual para todos. El ocio se consume, y el consumo depende de los medios. La estratificación social del ocio es inevitable. Ir a la playa en Benidorm o ir a la playa en Portofino. Hacer volar una cometa o volar en ultraligero. Flotar en una colchoneta de Carrefour o navegar en un Belliure. Lo que sí unifica el acto ocioso es el hecho de que el individuo debe entregarse a él con pleno consentimiento, libre y voluntariamente. Estas actividades las realizará una vez se haya liberado de sus obligaciones sociales. Aunque, curiosamente, para mucha gente el ocio se ha convertido en otra obligación social.

Según Adorno, la industria cultural esclaviza al hombre de un modo más sutil que cualquier otro modo de dominación. El tiempo libre está directamente relacionado con la industria y con los patrones de producción. Toda la libertad con la que el individuo cree afrontar su actividad ociosa, está directamente propagada y manipulada por las macroestructuras sociales y, en especial, por la propaganda corporativa.

Ser ocioso es una herramienta para trascender del yo. Una vía espiritual poco espiritual. La sublimación de nuestra existencia, sin saber que la estamos sublimando, o sin siquiera saber que existimos. Nuestro yo está ahí, presente, consciente. Por un rato vamos a ser algo más que un engranaje social. Tristemente, el momento en que nuestro tiempo es todo libre, la jubilación, es cuando nuestra sociedad nos arroja a la ficción del ocio. Esto sucede, paradójicamente, cuando nuestros cuerpos ya no son capaces de disfrutar de la experiencia al máximo, ni en el deporte, ni en el sexo, ni en la comida. Nos convertimos en una grotesca imagen: saltimbanquis que tratamos de arrancar a nuestros últimos días sensaciones y experiencias, haciendo lo que no pudimos hacer cuando era el momento, simplemente, porque no teníamos tiempo libre.

Todos los trabajos que forman parte de esta edición de GETXOPHOTO han sido seleccionados por tratar, de algún modo, el concepto de tiempo libre y ocio. Cautivadores en el plano visual, dispares en sus temáticas y variados en la técnica empleada. Todos ellos con la característica de usar la imagen documental como vehículo.

Disfruten ahora de su tiempo libre y vengan a ver lo que hace la gente cuando no hace nada.