Autores 2013

Jesús de Echebarría

Estereoscópico

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La fotografía estereoscópica crea una ilusión. Nos acercamos a ella sabiendo que se trata de un artificio y, sin embargo, algo en nosotros se activa. Quizás el deseo de poder tocar el decorado. Jesús de Echebarría fue un entusiasta de esta técnica y uno de los aficionados que, a principios del siglo XX, creyó en la fotografía precisamente porque huía de las pretensiones. Su necesidad de documentar le llevó a capturar con una cámara estereoscópica paisajes, acontecimientos y habitantes que hoy sentimos el deseo de tocar. Pero no es la técnica la que crea esta ilusión en sus imágenes. Hay algo más. Queremos escucharlas e incluso poder olerlas, como en los sueños. Porque su mirada elegante y fresca de una Bizkaia en transición parece hablarnos más del futuro que del pasado, y al mismo tiempo consigue contagiarnos la tristeza con la que observaba un mundo rural que empezaba a desaparecer. Echebarría nos anticipa, con intuición poética, un sentimiento de incertidumbre y una voluntad de congelar la realidad que no se aleja de lo que vivimos en el presente. Sus fotografías no son memoria del recuerdo sino del pathos, del sentimiento, nos dice Kosme de Barañano. Y, podríamos añadir, con ellas recordamos algo que aún está por llegar.

 

Nacido en Bilbao en 1882 en el seno de una familia de la burguesía media bilbaína. Realizó estudios mercantiles y en 1903 entró a trabajar en el Banco de Bilbao, puesto del que se vería privado durante diez años por motivos políticos. Entre sus aficiones se encontraba la fotografía estereocópica, que le llevó a viajar, a ganar varios premios y menciones honoríficas e incluso a merecer la atención de algunas publicaciones extranjeras de la época.

 

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