Autores 2014

Abu Ghraib

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Estos son los primeros iconos de la era digital, de los tiempos de la imagen, de un nuevo siglo. Tomadas por amateurs que eran, al mismo tiempo, torturadores que mostraban sus crímenes con una gran carcajada, y publicadas en 2004, revelan además otro tipo de relación con la imagen, lúdica e inconsciente, liberada de su apuesta por la memoria y de las ilusiones de verdad ligadas a la fotografía. Representan torturas en la cárcel –incluyendo el uso de electricidad, humillaciones escatológicas, sexuales, con perros, con prisioneros amarrados como animales– que se conocieron gracias a estas imágenes y a su publicación en The Washington Post y The New Yorker antes de recorrer el mundo. Han sido posible porque los pequeños aparatos digitales se han multiplicado, se han hecho cada vez más accesibles y automáticos, y porque la producción de las imágenes se ha vuelto masiva. Sin embargo, como otras muchas imágenes de este tipo, estaban, de entrada, reservadas, fuera cual fuera el horror que contenían, a la esfera privada, a ser compartidas con los amigos. Es su irrupción en los circuitos informativos y las reacciones de horror que han provocado lo que las ha convertido en un acontecimiento. Una fecha en la historia de la imagen.

 

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