Comisario 2015

15_COMISARIO


Sobre Viajes
Por Christian Caujolle

Los primeros fotógrafos fueron viajeros. Desde finales del siglo XIX –primero en sus países de origen, después visitando Italia tras las huellas de los pintoresy posteriormente en lugares más lejanos como los yacimientos arqueológicos de Egipto y de Oriente Medio– irían inventariando, mediante su nueva herramienta, una historia del arte y de la arquitectura que fueron descubriendo al mismo tiempo que inmortalizando. En aquella época resultaba extraño ver viajeros. Un siglo y medio más tarde, cuando el estatus y los usos de la fotografía han cambiado radicalmente, el viaje ha devenido en fenómeno de masas, se ha extendido al mundo entero y ha pasado a ser sinónimo de turismo. Viaje e imagen están más unidos que nunca, siendo el centro de conmociones significativas y de la evolución global de la sociedad.

Con el fin de comprender mejor los retos y las transformaciones no resulta inútil subrayar que, en el ámbito de la fotografía llamada de viajes, los operadores turísticos han modificado tanto elpanorama que han posibilitado que todos, a través de los smartphones, se conviertan en productores de imágenes. Después de los primeros exploradores, fueron los antropólogos y los etnólogos quienes utilizaron la imagen de plata para acompañar sus investigaciones y elaborar una tipología de la humanidad. Practicaban la fotografía con una pretensión científica que los primeros viajeros no conocieron, viajeros adinerados que registraban para conservar en álbumes los souvenirs de sus viajes por el mundo –a menudo en familia o con amigos– buscando paisajes excepcionales, obras de arte o monumentos destacables. Cuando estos aficionados se volvieron cada vez más numerosos, el desarrollo de la prensa ilustrada y su transformación en soportes especializados dieron lugar al género profesional de fotografía de viajes. Combinando la voluntad de descubrir un sueño, la seducción y las ansias de exploración, esta fotografía apenas se resistió al exotismo y cimentó una visión del mundo que nutrió a la vez la industria de la postal, los mensuales impresos sobre papel brillo y un panorama simplista y estereotipado. Ante la experiencia física de otros lugares tuvimos, y tenemos aún, acceso al mundo a través de una ilusión codificada que la sustituye cada vez más. No queda mucho más que los enamorados de Nicolas Bouvier y algunos aventureros al margen de las normas para escapar de los viajes estandarizados.

Hoy todo el mundo –durante el viaje, o por lo menos en el desplazamiento– puede producir imágenes, transmitirlas inmediatamente y compartirlas con sus conocidos. Y, afortunadamente, es mejor así. Pero aquí lo que está en juego ya no son temas fotográficos sino más bien cuestiones sociales. La imagen digital forma parte del viaje, así como/al igual que la obligación de presentarse en el aeropuerto con dos horas de antelación. Es una práctica dada, intrínseca, que conversa con prácticas del pasado así como con el deseo de almacenar un souvenir. Un souvenir del que, por otro lado, no sabemos cuánto tiempo ni cómo será conservado. En las redes sociales y en los mensajes que recibimos, y que atestiguan el viaje de algunos de nuestros conocidos, es fácil remarcar hasta qué punto los estereotipos están asentados. Impresión, a menudo, de que el viaje, si aún se puede llamar así, consiste en ir a verificar que el cliché que tenemos en la cabeza existe realmente. Y reiterarlo.

Esta práctica masiva de la imagen obliga, y tanto mejor, a los fotógrafos –aquellos que han elegido definirse como tales y que efectivamente destacamos en la programación– a determinar por qué y cómo quieren utilizar sus herramientas en cuanto abandonan terreno conocido. Naturalmente las propuestas son múltiples: de la afirmación del placer de asombrosas sensaciones debido al descubrimiento de lo nuevo, al análisis de algunas situaciones que el viajero busca comprender. Documental o poética, analítica, descriptiva o conceptual, la fotografía realizada en un viaje en torno a un proyecto que es, a menudo, una elección de un modo de vida, pronto deviene en una forma de analizar la fotografía en su naturaleza misma, en sus temas contemporáneos, en sus posibilidades hoy en día, en su capacidad o incapacidad para dotar de sentido. Esto es válido para todas las prácticas actuales de imagen fija, pero se matiza en el ámbito que nos ocupa ya que el mundo ha cambiado desde el asombro de los primeros operadores instalando su trípode frente a la pirámides, y porque el viaje ya no tiene el mismo sentido.

Si bien el turismo de masas ha puesto en marcha a hordas en la búsqueda de sol, playas de arena fina, palmeras, corales, lagos o aguas color esmeralda, ha aparecido un nuevo tipo de viajero que constituye una parte significativa, y cada vez más numerosa, de los millones que son hoy. Ellos no han elegido desplazarse. Se han visto obligados a hacerlo. Inmigrantes del interior que, por razones económicas, abandonan el campo para concentrarse en ciudades que se expanden cada vez más; refugiados que huyen de los regímenes dictatoriales, de los horrores de los conflictos, de las catástrofes ecológicas y económicas. Estos innumerables desplazados conciernen a los fotógrafos en un momento en el que las modalidades del documental –después de que la prensa haya renunciado a su función esencial de información– redefine sus formas y maneras.

Esta situación de los nuevos viajeros ocupa un espacio significativo de la programación debido a que se ha convertido en una parte importante de la realidad de nuestro mundo –con profundas modificaciones en las relaciones Norte-Sur y el desplazamiento del equilibrio hacia el Este–.Porque también nos permite percibir y enumerar, de forma no exhaustiva, las preguntas que los fotógrafos de hoy se hacen frente a su modo de expresión. En un momento en el que millones de individuos tratan de traspasar clandestinamente las fronteras en condiciones atroces, en el que los desplazamientos de la población son más importantes que nunca, y en el que el viaje es una cuestión de consumo que no duda en proponer la visita a lugares de tragedias, antiguas o recientes, la responsabilidad de los fotógrafos queda comprometida.

El placer del viaje sigue siendo posible. Es incluso –sin duda– una indispensable apertura hacia el mundo. Ciertamente, la fotografía se encuentra a partir de ahora, en lo que se refiere a la autoría, con un desafío sobre el terreno:experimentar el viaje real y que sea accesible a un mayor número de personas es, naturalmente, más satisfactorio que las imágenes que pueden obtenerse de allí y de las que conocemos los límites.La aparición de otros viajeros, la reproducción de circuitos obligatorios y la masificación de los desplazamientos son terrenos sobre los cuales la fotografía encuentra un espacio para redefinir su sentido. Es esto lo que nos permite pensar que tiene una función en la actualidad. Y que, además, puede continuar asumiendo un rol, estético, político y ético.


Sobre Christian Caujolle

GETXOPHOTO es un festival temático que cada tres años cambia de comisario. Durante las tres primeras ediciones el responsable de la programación fue el comisario independiente madrileño Alejandro Castellote. Le siguió el joven e inquieto catalán Frank Kalero y en la séptima edición, en 2013, recogió el testigo el mundialmente prestigioso comisario francés Christian Caujolle. Reconocido crítico y reputado comisario, Caujolle ha desarrollado una labor ingente en el mundo de la fotografía. Fue alumno y colaborador de Michel Foucault, Pierre Bourdieu y Roland Barthes. Ha sido editor gráfico de Libération, fundador de la Agencia VU´, director artístico de Les Rencontres d´Arles y comisario de la Foto Biennale de Rotterdam o PhotoEspaña.

Desde 1983 ha organizado numerosas exposiciones y ha sido editor de monografías de artistas como Jacques Henri Lartigue, William Klein, Anders Petersen, Raymond Depardon, Michael Ackerman o Cristina García Rodero. Caujolle ha participado en talleres y conferencias de numerosos países de Europa y Asia y ha sido miembro del jurado de prestigiosos concursos internacionales como World Press Photo. Actualmente dirige el PhotoPhnomPenh en Camboya y desde 2013 es el comisario de GETXOPHOTO.